Crítica a "Ángeles y demonios", puro entretenimiento

Que la secuela cinematográfica de El Código Da Vinci, Ángeles y demonios, haya logrado mantener tres semanas consecutivas el Nº1 de la taquilla convirtiéndose en la película más taquillera en lo que llevamos de año, es fácil de comprender porque es puro entretenimiento.

Las nuevas aventuras del experto en temas religiosos, Robert Langdom (Tom Hanks), nos vuelven a llevar a Roma pues ha sido llamado por el jefe de polícia de la ciudad para que investigue un caso en muy poco tiempo.

Alguien ha robado un poderosa bomba, la antimateria, y planea destruir el Vaticano, además han logrado secuestrar a cuatro altos cargos de la Iglesia que irán matando uno a uno. Todo esto logra que el espectador no tenga tiempo de relax y un descubrimiento tras otro, gracias a los conocimientos de Langdom, llevará a la película a avanzar por Roma de un lado para otro buscando pistas para dar con el “malo”.

Lo peor de la película es el inverosímil final, aunque según he leído en algunos foros el final del libro todavía es más fantástico, pero lo podemos perdonar porque Ron Howard nos ha mantenido enganchados durante 2 horas a la butaca y esto es algo que no es fácil conseguir.

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