Erika Lust, cine de ella para ellas, que no son sólo ellas

Hablar sobre el cine porno siempre da pie a controversia entre los dos géneros posibles a formar parte de la conversación. La satisfacción que una mujer puede encontrar en el cine X es casi nula, en función a que lo femenino en éste género cinematográfico se sintetiza en mero objeto de satisfacción masculina. Es por ello que Erika Lust se ha decidido a realizar cine pornográfico para mujeres, que satisfagan sus necesidades físicas, y que tengan que ver también con lo que en sus mundos personales y de todos los días ocurre.

Estoy harta de esa visión de que una mujer que ve cine porno es mala y de ese cine X hecho por personajes y empresas con las que no comparto casi ningún valor. Yo soy una mujer joven, madre y empresaria y quiero ver películas eróticas que tengan algo que ver con mi mundo y con mi realidad, no con un mundo de mafiosos y prostitutas“, dice Erika, encontrando mi aprobación en un cien por ciento.

Nacida en 1977, comenzó estudiando Ciencias Políticas a fin de poder ayudar al mundo desde alguna organización internacional, y con los conocimientos adquiridos. Ya desde su juventud, descubría que la pornografía que consumía no era ni por asomo satisfactoria a sus necesidades como mujer, y como amante del cine, que ya desde entonces era. Así, una vez llegada a Barcelona, y con varias ideas de “generar un cambio” en su cabeza, se internó en el mundo del cine, estudiando primero, y trabajando en diversas productoras después.

Así fue como, con mucho esfuerzo, realizó un promer cortometraje llamado The Good Girl, que fue aclamado por el público en su emisión por Internet. Tras éste, siguió Cinco historias para ella, que es un compilado de cinco cortometrajes, formato que la directora considera ideal para éste género cinematográfico, vendiendo de éste último trabajo más de 20.000 copias físicas.

El pasado año sacó a relucir su último trabajo, llamado Barcelona Sex Project, que es una especie de documental erótico, en donde se cuentan las historias de seis personajes, tres hombres y tres mujeres, que acaban con sus respectivos capítulos con una escena de masturbación.

Erika plantea que lo que busca es dar otra definición de cine porno, ya que según ella “es algo que funciona como un estimulante, sube la líbido e inspira, además de ayudar a erradicar verguenzas y aliviar sentimientos de rareza porque tenemos tal o cual fantasía.”


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