El pentagrama musical

Concebir la música sin el pentagrama musical es casi imposible. Incluso para quienes no son músicos y con conocimientos mínimos sobre este arte. Un ejemplo de ello es escuchar los temas de moda en la radio o Spotify.

De la misma forma en que la generación Millennials es incapaz de figurarse la vida sin un Smartphone, lo mismo ocurre con cualquier compositor o intérprete y el sistema de notación musical.

La música antes del pentagrama musical

Para algunos, se trata casi de hablar de “la música antes de la música”.

Facilitar la transmisión de conocimientos y aliviar el trabajo de la memoria de intérpretes y músicos, fueron dos de las razones de peso que impulsaron la creación de los sistemas de notación musical.

Porque desde que el mundo es mundo y el hombre es hombre, la música ha estado presente.

El nacimiento de la Historia se atribuye a la aparición del lenguaje escrito. Si bien el establecimiento del Pentagrama como sistema de notación musical (o de alguno de los métodos previos a éste) no marcan el fin de una era Pre-Musical, ese sería el momento.

La evolución y la divulgación oral

Tanto la “Historia Oficial”, como las tradiciones musicales, antes de que ambas pudiesen asentarse sobre papel y quedar “por escrito”, dependían exclusivamente de la oralidad para su divulgación y conservación. Y al igual que los primeros mitos y leyendas, que cada vez que se trasmitían de generación en generación incluían algunas variantes, lo mismo ocurría con las formas sonoras.

El único “soporte” en el que podían almacenarse melodías, tonos y acordes era la memoria de cada persona. Y a día de hoy, ya nadie cuestiona el carácter subjetivo que tienen los recuerdos. También se debe considerar que, en los procesos de conservación mental de cualquier “archivo sonoro” dentro de un “disco duro” humano, intervienen otros factores. Estos serían el oído y la capacidad melódica que posee cada persona.

Por todo lo anterior, se tiene constancia de la frustración que agobió a algunos de los primeros compositores musicales durante la Edad Antigua e inicios de la Edad Media. Que cada “composición” se escuchara siempre de la misma forma cada vez que fuese interpretada, era prácticamente imposible.

Primeros sistemas de notación musical

Desde la Antigua Grecia los músicos intentaron plasmar las melodías sobre papel, valiéndose de criterios visuales que pudiesen ser interpretados como un lenguaje uniforme e inequívoco.

De la revisión a varios documentos de esta época, se establece la existencia de dos sistemas de notación musical. Un sistema serviría para el canto coral y otro para los instrumentos. Ambos métodos de carácter alfabético y muy similares entre sí.

Historiadores y teóricos musicales afirman que se trata de estructuras musicales flexibles y que carecían de uniformidad. O al menos, no mostraban un interés evidente por conseguirla.

También se ha logrado establecer como los compositores griegos representaban la altura de los sonidos (graves o agudos). Son datos básicos los que nos han llegado y no está del todo clara la forma en la que se establecía la duración.

Por otra parte, imágenes de la Antigua Grecia, en la que quedaron plasmadas escenas de personas tocando algunos instrumentos musicales, sugieren que el sistema de notación musical tenía principalmente una finalidad didáctica. Rara vez las representaciones pictóricas incluían a los ejecutantes musicales leyendo pergaminos con las “partituras”. Al parecer, la memoria y el oído marcaban el compás.

La difusión por los romanos

El sistema griego fue adoptado por el Imperio Romano. Al igual que lo ocurrido con la mitología, la expansión de las fronteras y la conquista de nuevos territorios por parte del ejército imperial facilitaron su divulgación por gran parte de lo que hoy es el territorio europeo.

Con el desvanecimiento de Roma y la aparición del Imperio Bizantino, las tradiciones culturales nacidas en su mayoría en Grecia y que fueron masificadas a la fuerza, fueron sufriendo nuevas mutaciones.

La notación musical fue una de ellas. Es así como desde Constantinopla, aunque la “escritura musical” mantenía la esencia alfabética original, se incorporaron elementos orientales.

La mayor preocupación de los músicos de este periodo, seguía siendo la forma de conseguir que la transmisión de las pautas musicales dejase de depender casi de forma exclusiva de la tradición oral y de la memoria colectiva. De igual manera, se preocupaban por conseguir la unificación de los cantos y los acordes, para limitar las interpretaciones libres e improvisadas.

Instauración de la notación neumática

Según la nueva unidad imperial rompía los paradigmas romanos, a nivel musical la notación neumática se fue abriendo espacios, hasta instaurarse entre los siglos IX y XIII, como el sistema “dominante”, principalmente en los Cantos Gregorianos. No olvidemos que la música profana mantenía un carácter “libre” y “espontáneo”.

Los neumas son signos gráficos que se escriben por encima del texto y representan uno o varios sonidos.

Sin embargo, este sistema resultó más impreciso que la notación alfabética, ya que ni el ritmo ni la escala quedaban establecidos. El ritmo estaba condicionado directamente al texto, por lo que el “compositor” no tenía por qué especificarlo.

La notación neumática además requería de conocimiento previo por parte del intérprete de la melodía representada gráficamente. Sin esta información, descifrar los símbolos era imposible.

Las notas musicales y el nacimiento del tetragrama

Guido de Arezzo es una de las figuras más importantes dentro de la Historia Universal de la Música. A este monje italiano, que vivió entre los años 991 y 1050, se le deben los nombres de las notas musicales. Hasta bien entrada la Edad Media, las primeras siete letras del alfabeto occidental, eran utilizadas para representar la altura de los sonidos.

Arezzo también es el responsable de la implementación del Tetragrama, método de notación musical que sentaría las bases del pentagrama definitivo.

Con la aparición de este sistema conformado por cuatro líneas horizontales, paralelas, rectas y equidistantes, los compositores finalmente contaron con un soporte unificado que les permite dejar “por escrito”, todos los elementos que hacen única cada pieza musical.

Ya en el siglo XIII, Ugolino de Forlí añadió la quinta línea, aunque no sería hasta dos siglos después que su implementación se impuso de forma definitiva.

 El Pentagrama: sin lugar para las imprecisiones

Además de las notas musicales, en el Pentagrama se apuntan una serie de signos que sirven a los escritores de música para indicar el compás, el tempo y hasta el carácter de una composición.

Son cinco líneas y cuatro espacios donde todo queda definido con exactitud matemática. Además, se pueden establecer líneas adicionales en la parte superior para sonidos muy agudos, o en la parte inferior para los más graves.

 

Fuentes imágenes: Dibujos para Colorear  / Música en tus dedos

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