BAFICI XIII: Burrowing, de Fredrik Wenzel y Henrik Hellström

La escena que abre Burrowing, un lento travelling que muestra el amanecer en un pequeño suburbio sueco, mientras toda esa vecindad de casitas bajas duerme sus últimos minutos de sueño, tal vez funcione como síntesis de buena parte de lo que vendrá. Y es que Burrowing es una película intimista, donde los silencios tienen un peso aun mayor que las palabras.

Sin embargo, no todo está sugerido, y enseguida aparecerá la voz en off de un niño (recurso que se mantendrá hasta el final). Ese niño es Sebastian, un chico que no supera la barrera de los 12, pero que ya cuenta con ciertas preocupaciones existenciales. En medio de travesuras y juegos que no parece colmar su alma inquieta, Sebastian servirá de guía en ese pueblito, a la vez que construirá un retrato sobre tres vecinos, cada uno tan ensimismado en su propio universo, que no se dan cuenta de la pasividad cuasi marginal que los une.

Como Sebastian, esos tres personajes parecen estar atrapados en un lugar donde el tiempo no avanza, y donde cuesta imaginar una vida más allá del frondoso bosque que cerca el barrio. Esas tres almas son Jimmy, un joven padre soltero que vaga de un lado para el otro con su bebe a cuestas; Anders, un precoz empresario, presentado en la mirada de Sebastian como el opuesto de Jimmy (aunque luego descubramos que comparten más similitudes que diferencias); y Mischa, un solitario inmigrante que llegó a Suecia hace años, con la intención de trabajar temporariamente, pero que terminó radicándose allí.

Los cuatro son, cada uno a su manera, seres solitarios, espíritus libres que no terminan de adaptarse a una existencia comunitaria que no tiene grandes cosas para ofrecer. Todos encuentran en el bosque (y en la soledad) un punto de fuga, una posibilidad para escapar de tanto encierro mental, y de las agobiantes expectativas que sobre ellos recaen. Plagada de climas sugerentes, a veces acompañada de sonido ambiente, otras de una emotiva música que envuelve y potencia las escenas, lo más interesante de Burrowing está en la inocente mirada del pequeño que, sin proponérselo, logra decir más que cualquier adulto.

Si bien en algunos pasajes la película peca de solemne, cierto lirismo melancólico impide que Burrowing caiga en un pozo del que sea difícil rescatarla, aunque queda claro que no estamos ante una película para todas las audiencias. Por supuesto, tras los protagonistas, se encierran cuestiones tan cotidianas y mundanas como la paternidad, la marginalidad, la independencia, la insatisfacción, la soledad y los sueños.

Cabe destacar que la dirección, el guión, el montaje, y la fotografía corrieron por cuenta de Henrik Hellström y Fredrik Wenzel, dupla sueca que tuvo la posibilidad de presentar hace unos años esta ópera prima en la Berlinale. Además, Hellström fue invitado como jurado de la competencia internacional del festival, y hasta en algunas de las proyecciones se quedó para contestar preguntas del público.

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